—Nuestro hijo —dijo él, casi sin pensarlo.
Hubo un silencio.
Damián cerró los ojos, maldiciéndose por haberlo dicho así, tan directo, tan suyo, cuando sabía que Valeria todavía se estaba acostumbrando a compartir esa palabra.
Pero ella no lo corrigió.
Y eso le dolió más.
—Mateo no puede sentirse per