Capítulo 30
Al día siguiente de la videollamada, mientras yo intentaba preparar desayuno sin quemar el pan y sin pensar demasiado en la forma en que Damián había mirado a nuestro hijo a través de la pantalla, Mateo levantó la cabeza de su taza de chocolate y soltó, como si estuviera hablando del clima:

—Mamá, ¿
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