Capítulo 29
Vi el golpe atravesarle la cara. Intentó contenerlo, pero no pudo del todo. Porque una cosa era sospechar. Otra muy distinta era mirar de frente a un niño con sus ojos, su ceño y una corbata torcida.

—Mateo —dijo, casi sin voz. Mi hijo enderezó la espalda.

—Hola. —Damián tragó saliva.

—Hola, Mateo.

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