Amanecí con una sensación extraña en el pecho.
No era arrepentimiento. Eso fue lo primero que revisé, como quien se toca una herida para comprobar si todavía sangra. Le había dicho a Damián que lo amaba. Lo había dicho en voz alta, en mi cocina, frente a la nevera llena de reglas, con el miedo senta