Lo leí rápido.
—Esto suena muy bonito en voz de hombre con agenda —dije.
—No es agenda. Son órdenes ejecutadas.
—¿Ya?
—Desde las seis de la mañana.
Sofía levantó su taza.
—Por fin un rico madrugando para algo útil. Brindo con café recalentado.
Yo no sonreí de inmediato.
Quería hacerlo.
Pero no iba a