—No era paranoia —dijo Sofía, con la voz ronca—. Nos estaban cazando.
Negué despacio.
—No. A mí me estaban cazando. A Mateo lo estaban contando antes de nacer.
Damián tenía otra foto en la mano. Una donde yo salía de una clínica pequeña. Se quedó mirándola como si la imagen le estuviera mordiendo lo