Damián caminó hacia la entrada sin responder. Tocó el timbre. El portón se abrió apenas lo suficiente para mostrar a un hombre de seguridad con cara de “yo no gano lo suficiente para esto”.
—Señor Armand —dijo—. La señora Armand no se encuentra.
—No vengo a verla. Vengo a abrir archivos.
El hombre s