La foto se quedó abierta en la pantalla y, por primera vez, Damián no miró una prueba.
Miró a su hijo antes de conocerlo.
Yo también la miré, aunque me dolía hacerlo.
Ahí estaba yo, saliendo de una farmacia pequeña, con una bolsa en la mano y la otra apoyada sobre mi vientre. No era una foto bonita.