Renata la observó como si estuviera mirando a una niña haciendo berrinche.
—Ya hablaste. Y aun así sigues siendo la que se puso la camisa.
Isabela se quedó rígida.
—Yo no planeé todo.
—No. Solo aceptaste actuarlo.
—Porque tú me prometiste—
—Yo prometo muchas cosas cuando la gente quiere oírlas.
Eso