Damián soltó una risa seca.
—No estás en posición de pedir demasiado.
—Estoy en posición de hundir a tu madre o dejar que ella me hunda a mí primero. Tú eliges si escuchas o no.
—Habla.
Isabela sacó su celular. Sus dedos estaban firmes, pero Damián notó que respiraba más rápido de lo normal. Abrió u