65.
Entré a la casa Armand sin ganas de encontrar otra verdad.
Ya tenía demasiadas.
Demasiadas fotos.
Demasiadas firmas.
Demasiados audios.
Demasiadas formas de descubrir que mi vida había sido partida en pedazos por gente que hablaba de mí como si yo no existiera.
Esa noche no venía a buscar pruebas.
Venía a mirar a Renata a la cara y dejar de tenerle miedo.
La sala principal estaba iluminada como si fuera escenario de revista. Sofás perfectos, flores perfectas, cuadros perfectos, alfombra perfect