52.
La foto se quedó abierta en la pantalla y, por primera vez, Damián no miró una prueba.
Miró a su hijo antes de conocerlo.
Yo también la miré, aunque me dolía hacerlo.
Ahí estaba yo, saliendo de una farmacia pequeña, con una bolsa en la mano y la otra apoyada sobre mi vientre. No era una foto bonita. No tenía luz especial, ni sonrisa, ni ese brillo que algunas mujeres embarazadas tienen en las revistas. Yo me veía cansada. Delgada de cara. Con el cabello recogido a la mala y una blusa suelta que