Me sentía extremadamente feliz; mis niñas me abrazaban efusivamente mientras los hombres, entre bromas y risas, felicitaban a John.
—Deberías felicitar a tu amigo de abajo por ese gran logro —pronunció Jhonatan, mientras soltaba una carcajada sonora que resonaba en la sala.
Leonardo, con los ojos brillantes de humor, comenzó a reírse aún más fuerte por el comentario alocado de Jhonatan.
—¡Qué barbaridad! Ahora no dormirás. ¿Pensabas armar un preescolar de una sola tirada? —preguntó Leonardo e