27. AJUSTANDO CUENTAS
El señor Sardino mira una y otra vez a su nieta, la abraza y acaricia con cariño, tratando de convencerla de que se vaya con él para su casa.
—Tu abuela se va a molestar mucho cuando lo sepa.
—No se lo digas Abu, ella está muy delicada. —Le ruega. —Tampoco quiero que te metas en problemas por esto.
—¿Y qué es lo que pretendes hacer Bella? —pregunta al notar que al parecer ella quiere huir de la situación y dejar al maldito sin castigo. —¡No podemos dejar al degenerado ese, sin castigo!
—Sol