Mi corazón empezó a latir con rapidez.
El tamaño de cada uno era intimidante, ellos parecían de verdad unas bestias.
Ahora entiendo el porqué mis padres le llamaban de ese modo a Aidan.
—¿Dónde está Aidan, Verona?
—No sé a dónde fue Luna, la acompañaré a su habitación.
No podía rendirme así de fácil.
Tengo que echar un vistazo a los alrededores para ver si encuentro una manera de escapar.
Sin embargo debo hacerlo con sutileza para que Verona no lo note.
—Antes de eso ¿Podrías llevarme por favor