Su rostro estaba a solo centímetros de distancia mientras que sentía como mi corazón latía apresurado bajo mi pecho gracias a su cercanía y a su mirada penetrante.
Y es que no era solo eso.
Yo estaba manteniendo una batalla conmigo misma.
—Sé que no fue la mejor manera en la que te traje aquí, pero no cambia el hecho de que eres mía.
Su voz masculina y la posesividad de sus palabras hizo que intentara cerrar mis piernas al sentir la vergonzosa humedad que acababa de aparecer entre ellas.
—Cada p