Capítulo 51

La casa a la que Aidan nos había traído era tan grande como la de la manada en Noruega.

Yo ni siquiera hice preguntas.

Aila y Aidan hablaban sin parar hasta que él le mostró su habitación a la niña.

Y luego se giró hasta mí con seriedad.

—Vamos —demandó en tono autoritario.

—Yo voy a quedarme con Aila...

—Dije que vinieras, ahora.

Ante su tono no pude negarme y ni siquiera yo sé el porqué.

Aidan jamás me había hablado así.

Podía sentir su enojo hacia mí.

Pero poco me importaba.

O eso me decía a
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