Isabella.
Me derrumbé de nuevo, caí de rodillas, sollozando una vez más como si las lágrimas pudieran llevarse el dolor, como si pudieran borrar de un plumazo las mentiras, los engaños, el hecho de sentirme burlada por segunda vez.
—Hija. —La hermana Alegria me sostuvo una vez más, me dejó llorar hasta que ya volví a calmarme, entre sus brazos regordetes y cálidos, me sentí en casa, ella siempre fue un refugio en medio de la ttormenta, solo que por esta ocasión los brazos de la hermana Alegria,