Tenía fiebre. Una fiebre muy, muy alta. Acostado en la cama del hospital, temblaba suavemente. Su memoria lo llevó a su niñez, cuando Jorge abría la puerta de casa, se agachaba frente a él y lo llamaba:
—Andy.
—¡Papá! —el pequeño Andrés, de solo unos años, corría a sus brazos...
Su padre había sido tan bueno, y lo mataron por crear un chip que podría haber revolucionado el mundo... Y quien lo mató fue el padre de su esposa... Su corazón dolía como si fuera a partirse, mientras murmuraba débilmen