A las seis y media, la anciana fue enterrada y se cubrió la tumba... Una persona había desaparecido del mundo para siempre.
Julia estaba de pie en el viento frío, sintiendo una inexplicable melancolía. Miró a Andrés, que observaba el ataúd con expresión cansada.
Cuando volvieron a Villa de Oro ya eran las once y media. Julia dijo:
—Ve a dormir un poco, tienes cara de cansancio.
—Tú también te levantaste temprano, vamos a dormir juntos —Andrés tomó su mano.
Julia también se sentía algo cansada, a