Ambos estaban sentados en el agua, uno desnudo y el otro completamente empapado.
Andrés la miraba fijamente, con ojos cada vez más ardientes. Finalmente, la atrajo hacia sí, apretándola contra su cuerpo. —No pasa nada.
La sentó sobre sus piernas y, con voz ronca y seductora, dijo: —Me encanta.
El corazón de Julia dio un vuelco. Pensó que Andrés debía estar malinterpretando la situación. ¿Acaso creía que el resbalón había sido una invitación?
Pero ya era tarde para explicaciones. Él tomó su rostr