—En ese entonces...—, Diego recordó los eventos de hace muchos años. —Éramos siete, fuimos al extranjero para negociar inversiones con un nuevo chip que habíamos desarrollado. No esperábamos que los extranjeros se interesaran tanto. Nos emocionamos, pero luego nos dimos cuenta de que querían que les vendiéramos el producto por completo, prohibiéndonos producirlo en el futuro.
—Al principio nos negamos, pero los extranjeros nos amenazaron con no dejarnos volver a nuestro país si no vendíamos. Baj