—¡Andrés! —, gritó Julia con los ojos enrojecidos de rabia.
Andrés, inmóvil, la atrajo hacia sí y la miró fijamente. —¿Qué quieres decir con que vine a perturbar tus emociones? ¿Tanto te disgusta verme?
—¡Suéltame!
—No hasta que me expliques—dijo Andrés mirándola con frialdad. Al ver que seguía forcejeando, la abrazó por la cintura, pegándola a él.
—¡Estamos en plena calle!—, exclamó Julia, alarmada. —¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco?
—Te digo que te calmes—respondió Andrés, sin soltarla pero sin