Julia se sentía incómoda y quería poner fin a aquella ambigüedad, pero los paparazzi los perseguían y no se atrevía a hacer ningún movimiento, temiendo ser captada en alguna situación comprometedora que afectara las acciones de la empresa.
Sintiendo su temblor, Andrés la tomó de las manos.
—No tengas miedo.
Julia sintió cómo sus manos se entrelazaban, y se acurrucó, desconcertada por un momento.
—Andrés...
Percatándose de su reacción, se puso aún más nerviosa.
—No hables —dijo Andrés en