Julia no hablaba, su respiración se hizo más pesada. Andrés le apretó la barbilla y la obligó a levantar la cabeza. —Habla—, dijo.
—Sí—, admitió Julia, mirándolo a los ojos.
El semblante de él se ensombreció. —¿Qué estás pensando?
Ella guardó silencio por un momento, su voz sonaba fría. —Quiero separarme de ti.
La mirada de Andrés se volvió penetrante. —¿En serio?
—En serio—, asintió ella.
—¿No sientes ningún apego?— preguntó él.
Julia apretó los labios. Sí sentía apego, pero ¿de qué servía? Ali