Julia estaba aterrorizada, con lágrimas de miedo en sus ojos.
Retrocedió lentamente.
Él avanzó paso a paso hacia ella.
El corazón de Julia latía fuerte y claro en la medianoche.
Ya no se atrevía a mirarlo a los ojos, así que se dio la vuelta para correr al vestidor, pero Andrés la jaló bruscamente y la arrojó al sofá cercano.
El sofá era suave, así que no se lastimó con la caída, pero aun así se enojó. Se incorporó y lo regañó:
—¿Andrés, qué haces?
—Te defendí y aun así lo proteges a él—el apue