Ella luchó por apartar las manos de Andrés.
La ira cruzó la mirada de Andrés, quien la presionó contra el respaldo del sofá, pegando su cuerpo al de ella sin dejar espacio entre ambos.
Julia se quedó rígida de la impresión, su respiración se volvió entrecortada.
Él se había excitado.
Julia estaba muerta de miedo.
—¿Te volviste loco? Él todavía está al teléfono...—dijo avergonzada e indignada, mientras Andrés la frotaba provocando su agitación.
—No hagas esto...— su voz se quebró en un sollozo.
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