Capítulo 122. Contentos y enamorados...
En Santiago de León
Amber:
El motor del Maserati ronroneaba en la noche mientras Christopher me miraba con ternura.
―¿Buscamos el Ferrari? ―me consultó con una sonrisa, tomando mi mentón entre sus manos antes de besar mis labios.
―¡Siiii! ¡Por favor, mi amor! ―expresé de inmediato, rebelde y traviesa. Él soltó una pequeña risa, me besó de nuevo y me susurró al oído con voz ronca:
―Te complazco en todo lo que tú quieras, mi reina ―me garantizó, soltándome para encender el coche e ir nuevamente a