Entre, Ares y yo, ya no existe la ropa.
Mientras sus caricias me encienden, su lengua lame mi cuello, provocando que arquee la espalda.
Él, aprovecha eso para en un movimiento ágil, quitar mi sostén, dejando mis pechos al descubierto, su mirada es oscura, esos ojos grises brillan de deseo, quiere devorarme, y yo quiero que lo haga.
— No sabes como, ansió enterrarme en tu cuerpo. Pero antes quiero que me digas, si tú también lo deseas.
Automáticamente, asiento, pero el gruñe un; quiero oírlo