LUCA BRANDWOLF
Ya era la hora. La barrera había caído. Medianoche. Los perros dormían, los guardias hacían su rutinario cambio. Mis hombres estaban listos. Nos adentramos en el bosque, buscando esa maldita aldea. Dos horas caminando entre árboles hasta que divisamos la entrada. Entramos justo cuando los relevos salían a tomar posiciones. No les dimos tiempo a alertar a nadie. Mis hombres se abalanzaron sobre ellos. Valentín y yo entramos en la mansión del Alfa sin rodeos, subiendo directamente