Te amo, Raffa.
La manada entera era un caos. Se movían frenéticos de un lado a otro, como si la luna misma los torturara. Algunos se retorcían de dolor, otros gemían, otros aullaban.
—¡Hay un hechicero! —gritó un lobo desconocido—. ¡Él nos está causando esto!
—¡Búsquenlo y mátenlo sin piedad! —espetó el Alfa.
¿Un hechicero? Nicolas.
Después de revelarme sus dos secretos, no supe nada más de él. Vivíamos bajo el mismo techo, pero me ignoraba o me evitaba. Supongo que se sentía incómodo por lo que me había cont