Líder de los lobos.
Ahí estaban los dos, con sus labios pegados en un beso que parecía consumirlos. La imagen me golpeó como una bofetada. Se separaron lentamente, como si el tiempo se hubiera detenido solo para ellos, y la rubia esbozó una sonrisa triunfal, una mueca de victoria que me heló la sangre. Una furia ciega me invadió. Caminé hacia ellos con pasos firmes, el corazón latiendo con fuerza en mi pecho. No me verían la cara de ingenua. Eso sí que no.
—¿Para esto querías que trabajara contigo? —inquirí, con l