Asiento y la seguí, caminamos por entre las personas que iban de un lado a otro, llegamos a una pequeña cabaña de dos plantas, su madera era blanca, parecía sacada de un cuento infantil. Era encantadora y muy acogedora.
—Aquí vivo, Sel.—dijo señalando su cabaña y abrió la puerta, la seguí hasta adentro.
—¿Tu sola?
—Sí, no soy tan joven como parezco, tengo 127 años. Mis padres murieron hace 10 años.
—Eh...no se que decir.
Todo por dentro era aún más lindo y acogedor, todo era en color crema y bl