«¿Mia?» Waverly hizo una pausa. Espera, ¿cómo sabía su nombre? ¿Se habían conocido antes?
—Tienes un aspecto más enfermizo que la última vez que nos vimos —dijo, dejando caer la flor—. Pero supongo que el embarazo le hace eso a una loba, ¿no? Creo que sí, no lo sé.
La mente de Waverly dio vueltas, pero reprimió toda su emoción con un solo trago: —¿Quién eres? —repitió.
Mia la miró y suspiró: —Sabes, como Luna, tus modales dejan que desear.
A pesar de su falta de capacidad de curación y