8. El amor (L2)
Hermes, con cada embestida, era un nuevo golpe de placer, una nueva ola de calor que lo recorría de pies a cabeza. Sentía que su cuerpo estaba al borde del colapso, pero al mismo tiempo, una energía inagotable lo impulsaba a seguir, a explorar cada rincón de su esposa, a perderse en la sensación de estar tan cerca de ella, tan unido a ella. Era como si estuviera siendo bañado por lava ardiente, una lava que no quemaba, sino que lo envolvía en un calor acogedor y embriagador.
El contacto con la