62. El reencuentro
El moderno automóvil de Hariella se estacionó en la entrada del imperioso edificio de Industrias Hansen y el chofer se adelantó para abrirle la puerta a la mujer, cuya riqueza la convertía en una de las más adineradas del mundo.
Hariella se bajó del auto con diestra elegancia y se quitó las gafas oscuras, revelando sus hechizantes ojos azules. Captó la mirada de los civiles, tanto de hombre, mujeres, adolescentes y niños que estaban en el lugar. Parecía una preciosa reina. Lena se puso a la die