49. El destino (L2)
Helios siguió cada hebra de esos rizos que parecían enmarcar el rostro de aquella dama. Ella estaba ocupada, inmóvil en su estación, pero sin darse cuenta, había creado un punto de inflexión en su mente. El tiempo se ralentizó, como si el mundo hubiera decidido dar una pausa momentánea para permitirle observar con más detenimiento. Sus pensamientos, normalmente fríos y analíticos, se vieron brevemente interrumpidos por una sensación que no podía nombrar. No era sorpresa, tampoco era atracción i