Sus palabras resonaban en su mente: "Ahora, no hay nada más importante para mí que ustedes dos". La voz de Helios tenía una fuerza que no provenía de la autoridad empresarial, sino de una ternura genuina, de un amor y una dedicación que solo le mostraba a ella, a su pequeña familia en formación. Herseis sintió que su corazón se expandía en su pecho, como si hubiera crecido de repente para abarcar todo el espacio que ese hombre llenaba en su vida. A su alrededor, podía notar los murmullos de las otras mujeres, los susurros admirativos, tal vez incluso envidiosos, de quienes la rodeaban, pero todo aquello se difuminaba frente a la intensidad de lo que experimentaba internamente.Cada declaración de Helios era un bálsamo, una confirmación de lo que ella sabía, pero que, en ese momento, adquiriría un peso aún mayor. De la manera en que él la protegía, no solo de peligros externos, sino también de las pequeñas inseguridades que la vida podía traer. El hecho de que se preocupara tanto por s
—Lo agradezco —dijo Herseis con voz sentida.—¿Aún estás en el club del té? —preguntó él.—Sí, todavía estoy aquí.—¿Cómo se han portado ellas contigo?Herseis miró a las demás. Sofía le susurró:—Pegúntale, ¿qué pasaría si la tratamos mal?—¿Qué sucedería si se hubieran portado mal?—Merecen ser castigadas y me encargaría de destruir a toda su familia. Sin excepciones —contestó Helios de manera inflexible.—¿Y se hubieran portado bien? —preguntó Herseis.—Merecen un premio. ¿Cuántas son, incluidos los empleados del club? —Sofía la dio el dato y Herseis se lo comentó—. Comprendo. Si puedes esperar un tiempo más, los regalos llagarán.Herseis apenas podía contener la emoción que la invadía tras escuchar la última respuesta de Helios. Había algo en su tono firme y decidido que siempre la conmovía, pero ahora, esa voz severa que prometía tanto castigo como recompensa, no solo la llenaba de admiración, sino también de una profunda satisfacción. Sabía que su marido, el hombre que la había
Eleanor permanecía en silencio. El golpe a su ego había sido devastador. Lo que había comenzado como una idea para demostrar la falta de atención que Helios le prestaba a Herseis, había resultado en una humillación total para ella. Mientras las demás mujeres admiraban los regalos y comentaban entre sí sobre la generosidad de Helios, Eleanor se sentía cada vez más insignificante. Edán no solo la había dejado plantada, sino que ahora se encontraba frente a un despliegue de poder y amor que jamás podría igualar.Intentó sonreír, intentando ocultar la vergüenza que la invadía, pero cada vez que miraba los regalos, su ira y frustración crecían. En su mente, ya estaba ideando formas de vengarse.El sol comenzaba a caer en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y dorados mientras las nubes esparcían un resplandor suave sobre el entorno. La escena frente al club del té era como sacada de una pintura lujosa, con los autos elegantes estacionados y los escoltas firmemente plantados
Eleanor había regresado a la mansión Whitmore sintiéndose humillada, con la rabia a flor de piel. El plan que había ideado con tanto cuidado había sido su propio fracaso, un desastre que había expuesto la falta de devoción de su esposo y la falta de control que ella tenía sobre él. Mientras subía las escaleras de mármol de la entrada, su mente no dejaba de repasar el momento en el que Edán no le contestó las llamadas, dejándola en ridículo frente a las mujeres del club del té. Eleanor, la siempre perfecta, la siempre controladora, había quedado expuesta como una esposa más que no podía confiar en la lealtad de su marido.Al entrar al vestíbulo de la mansión, el aire denso y silencioso no la ayudó a calmarse. La mansión, con sus techos altos, paredes cubiertas de arte y muebles lujosos, siempre había sido su reino, su fortaleza, pero en ese momento sentía que las paredes la aprisionaban. Se acercó a uno de los empleados, un hombre de mediana edad, que la esperaba para recibir instrucci
Desde aquel día en que Helios había comenzado a recoger a Herseis del club del té, la presencia del joven CEO en el exclusivo círculo de mujeres de alta sociedad había generado curiosidad, y no era para menos. La relación entre él y Herseis irradiaba una intensidad y una devoción que se hacía evidente incluso en los gestos más pequeños. Aunque su identidad seguía siendo un misterio, todas las mujeres en el club se sentían intrigadas por aquel hombre que trataba a su esposa con tal dedicación y respeto, algo que, tristemente, no era tan común en sus propios matrimonios.Uno en especial, Helios llegó a recoger a Herseis como de costumbre. El auto negro, un sedán de lujo con vidrios tintados, se detuvo frente al club. A diferencia de los otros esposos, que preferían enviar a choferes o incluso no molestarse en aparecer, iba personalmente por su esposa. Los escoltas, vestidos de negro, salieron primero del vehículo, como siempre lo hacían, revisando que todo estuviera en orden.Su figura
Al pasar los seis meses de embarazo y saber el sexo del bebé, Helios preparó una cena familiar donde invitó a su familia. Habían acordado hacerlo en ese entonces. Su poderosa y hermosa madre Hariella Hansen, a su modesto y amable padre Hermes Darner. A su melliza Hera Hansen y sus otros hermanos Hebe Hansen y Hermes Darner. Estaban en la mesa principal.La velada estaba llena de un ambiente cálido, aunque no exento de la tensión que siempre acompaña a reuniones familiares importantes. El comedor en el penthouse de Helios era el escenario perfecto para un anuncio de tal magnitud. Las luces suaves y el elegante diseño moderno del espacio, con grandes ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad iluminada por la noche, brindaban el ambiente ideal para aquella velada íntima.Helios se encontraba sentado al lado de Herseis, tomando su mano con delicadeza mientras hacía el anuncio oficial a su familia. Vestía un traje oscuro impecable, como siempre, y su presencia dominaba la s
Herseis, sentada junto a Helios, sintió el calor de las miradas de la familia Hansen-Darner sobre ella. El anuncio del bebé había sido recibido con calidez, y ahora era su turno de hablar, de expresar su agradecimiento por ser acogida en una de las familias más influyentes y poderosas del país. Tomó aire y sus ojos se encontraron con los de Helios, y en ese breve momento, él le ofreció una sonrisa tranquilizadora. El peso del momento era significativo, y aunque sabía que la familia ya la había aceptado, quería asegurarse de que sus palabras reflejaran lo que sentía.—Primero que todo, quiero agradecerles —dijo Herseis de forma suave, pero segura—. No solo por estar aquí hoy, sino por haberme recibido con tanto cariño y respeto desde que entré en la vida de Helios. Para mí, ha sido un verdadero honor conocerlos y formar parte de su familia.Las miradas de los presentes estaban sobre ella con atención y calidez. Hera la observaba con curiosidad; Hebe, con una sonrisa amplia y entusiasta
Los padres de Herseis estaban sentados cerca de la cama, observando a su hija con orgullo y amor. Ellos no habían hecho preguntas todavía, prefiriendo concentrarse en el recién nacido. Su madre, con los ojos brillantes de emoción, se acercó lentamente para tocar la mano diminuta del bebé, mientras su padre permanecía de pie, sonriendo a su hija con la calma de alguien que había esperado este momento durante mucho tiempo.Su hermana, sentada a un lado, admiraba la escena con una mezcla de alegría y curiosidad. Había oído hablar de Helios, pero hasta ahora no lo había conocido. En su mente, se había imaginado a un hombre mayor, alguien con experiencia y porte, debido al éxito y poder que Herseis había mencionado. Pero, ¿qué tipo de hombre era realmente? Esa pregunta flotaba en la mente de todos los presentes.De repente, la puerta de la habitación se abrió suavemente, y Helios entró con una bandeja de comida en las manos. El simple acto de su llegada cambió la atmósfera por completo. Su