La caja se me resbaló.
Ni siquiera sé cómo pasó, tal vez mi agarre se aflojó, tal vez mis manos simplemente se rindieron, pero un segundo las galletas con la cinta estaban presionadas contra mi pecho como un salvavidas, y al siguiente, se deslizaron de mis dedos.
Me lancé tras ella, abalanzándome hacia adelante, desesperada por evitar que golpeara el suelo, desesperada por mantenerme invisible un segundo más. Pero el destino no fue misericordioso esta noche. El recipiente golpeó la madera con u