Capítulo 59.
Conté hasta tres y le di la señal a Savanah; para no revelar nuestra presencia tuvimos que deslizar poco a poco el cristal corredizo y rezar porque no hubiera una repentina corriente aire que nos delatara. Claro que también podíamos contar con la suerte de que las habilidades amatorias de Elizabeth distrajeran lo suficiente al lobo malo como para que no notara el pequeño detalle de la ligera brisa fuera de lugar en la habitación.
Afortunadamente, Elizabeth era muy ruidosa y pudimos pasar desape