Capítulo 26.
De acuerdo, quizá caer sobre unos cuatro metros de altura no era la mejor de las ideas. Mi maldito tobillo derecho se sentía como si hubiera sido pateado por un caballo.
Caminé cojeando hasta la reja solo para encontrarme con Karel. El maldito había utilizado la llave y me observaba con fastidio.
-¿Piensas que es divertido tener que verte por una u otra razón? ¡Mi maldita vida se está yendo al carajo desde que te conocí!
-Whoa, tranquilícese majestad. En primer lugar, usted no me conoce. Ni siq