Después de insistir un poco más, Enzo pudo convencer a su primo de que le permitiera llevar a una chica a su lujoso apartamento.
Ya que no deseaba que se obsesionara y lo buscara como loca. También porque no era ya el mismo de antes.
—Es bien odioso, tu primo —comentó Aitana.
—No mucho, solo que ya le agarró miedo a las acosadoras —habló Enzo riendo.
Aitana se contagió, riendo también, el camino al edificio no fue tan largo, disfrutando de la compañía y las anécdotas de ambos.
Aitana estaba s