El sol empezaba a asomar por la ventana. Ámbar y Julián seguían abrazados, aún envueltos en la calidez de la noche. La respiración de ambos era lenta y acompasada, como si quisieran detener el tiempo en ese preciso instante.
Los pensamientos solo estaban en disfrutar cada minuto que pasaba, dejando atrás todo lo que implicaba que ellos estuviesen juntos.
No solo una relación a larga distancia también oculta ante los padres de ámbar y ante el mundo entero.
Julián, deseaba decirle a su lobita,