Mundo ficciónIniciar sesiónCuando muere su padre, las leyes de las que ha estado huyendo desde que nació la encuentran. Ahora tendrá que atenerse a prohibiciones de una etnia que aunque ama, también desconoce. El amor no es libre aquí, mucho menos sin la aprobación de sus familiares y él no es alguien digno de ella. Claro que el primer amor no tiene que ser el último ¿O sí? Amara tendrá que luchar por ser libre y elegir su destino.
Leer másAARON MARTÍNEZ.Esmeralda nos mira desde la lejanía. Es cierto que lo que sentí por ella fue bonito. Éramos niños jugando a ser mayores que se quisieron y no funcionó. Aún así Amara no debería tenerle celos porque lo que siento por ella es algo diferente. Entró en mi corazón desde el primer momento que la vi.— ¿Dónde quieres ir? —Le pregunto sonriente. — ¿No vas a preguntarme por mis celos?— No. Tus celos no son obsesivos, ni tóxicos. Tus celos son normales. —Gira su cuerpo en el asiento para girarse y quedar frente a mí. — Son celos, no existen celos buenos.— Existen. Los celos son el reflejo de nuestros miedos e inseguridades. —Paso la mano apartándole el pelo para verla mejor. — No me has gritado, no le has respondido mal a Esmeralda, y tampoco has pedido explicaciones. — Pero me he sentido muy celosa. — Yo también siento celos cuando Liam está cerca de ti —La expresión de su cara pasa a ser muy dulce. Adoro cuando pone cara de inocencia. — Yo... — No te disculpes. — Ten
AMARA CORTÉS.¿Casarnos? Somos jóvenes e inexpertos. Casarnos sería excesivo. Ningún adolescente se casa con su primer noviazgo y muchísimo menos por habladurías. Están siendo demasiado exagerados y no comprendo como pueden decir algo así. — No. —Contesta Aaron. — No vamos a casarnos para callar las habladurías de la gente. — ¿No entiendes lo qué significa para nuestra familia? —Pregunta José— Al margen de las habladurías Aaron, te has llevado a una nieta Cortés ¡No puede quedarse así! — Amara no está acostumbrada a las costumbres. Conoce solo las leyes que su abuelo le inculcó a la fuerza nada más llegar ¡No quiere casarse! Y yo tampoco quiero. Todos enfurecen. No están de acuerdo con nuestra decisión y tratan de persuadir a Aaron para llegar a un acuerdo por su propio bien. No les importamos, lo único que les importa es el prestigio de la familia.Mi abuelo agarra mi brazo, me defiendo como puedo hasta conseguir zafarme de él y plantarle cara en la puerta de casa. — Olvida la i
AMARA CORTÉS. Me sorprende verlo enfrentar a la persona que ha temido toda su vida. Él lo mira sin miedo, dispuesto a todo y sujeta mi mano. Quiere hacerme saber que por ningún motivo me dejará, que lo que ha pasado entre nosotros no ha sido un error. Lo miro orgullosa, sonriente y abobada. — ¿Te atreves a llevarle la contraria a tu padre? —Pregunta mi abuelo dejando a un lado sus propios problemas. — Eres un ingrato.— Me atrevo. —Le responde muy serio. — Usted no sabe de lo que soy capaz por si nieta. — No te permito que estés con esta chica descarriada. Nunca volverás a verla.Trata de agarrarlo del brazo pero se defiende apartándose de mala manera. Cansado de hacer siempre lo que a su padre le parezca mejor para él.— Te casarás con una gitana que te merezca. — Me casaré cuando y con quien quiera. —Le hace saber en un tono alto y perfectamente audible para todos los presentes — Yo decido con quien quiero casarme, con quien quiero compartir mi vida y como lo hago.— ¡Te cerrar
AMARA CORTÉS. Toda mi vida había estado imaginando como serían mis abuelos. Como sería la abuela a la que mi padre describía como una mujer guerrera, y de la que tenía pocos recuerdos. Siempre creí que no tenía, que había muerto y que mi padre no pudo despedirse de ella. Ahora la tengo delante de mí, defendiéndome de mi abuelo y siendo la guerrera que mi padre dijo que era. Ojalá él estuviera aquí para verlo.— ¡Te dije qué si te volvía a ver acabaría contigo! —Le grita mi abuelo enfurecido— No eres nadie para decirme qué debo hacer con mi familia.— Tú familia no me importa, mis hijos y mis nietas si. —Le dice ella respondiéndole con valentía. — Hace mucho que dejaste de darme miedo Antón.— ¿Antón? —Pregunto confundida. — Así llamaban a tu abuelo cuando era joven por el parecido con su padre. —Responde mamá resolviendo mis dudas. — No vuelvas a llamarme así.— ¿Prefieres qué te diga señor Cortés? —Le pregunta y acto seguido se burla— Has dejado de ser quien eras. He oído que me
Último capítulo