—Hola, ¿Se puede? — preguntó Madison desde la puerta del despacho de Zarek.
—Por supuesto, adelante — entró con una botella de vino y dos copas.
—Traje acompañante conmigo, algo me dice que necesitas un trago y alguien con quien hablar — se sentó y sirvió las copas — Ten, no hay nada que una botella de vino no cure.
—Gracias, llegaste en un buen momento, estoy estresado y al borde de la locura — bebió un trago.
—Lo sé, te he visto cabizbajo y desanimado, tienes incluso ojeras muy notables.
—No