66. Reconciliación
Ninguno de los dos supo por cuanto tiempo estuvieron así, respirando del otro, compartiendo aquel enigmático beso tan cargado de emociones. Caricias sutiles, electrizantes, ajenas a todo.
Las manos de Nick viajaban lentas por la curvatura de su espalda, mientras tanto, las de ella, se habían aferrado a su cuelo como una tabla salvavidas. No querían soltarse, no querían volver a experimentar lo que era estar lejos del contacto del otro.
Dios, se habían echado tanto de menos.
El brasileño pegó