35. Quédate esta noche
Llegaron a la habitación. Todo estaba en penumbras, excepto por una tímida luz plateada que entraba libre por las ventanas.
— Iré por el botiquín — musitó, dirigiéndose al cuarto de baño.
Volvió a los segundos.
— No hace falta que hagas nada de esto — le dijo él, pero ella se acomodó en medio de sus piernas, ignorándolo.
— Tu mano — le pidió con ternura.
Nicholas esbozó una pequeña sonrisa, y resignado, obedeció en completo silencio.
Con genuina timidez, Calioppe trabajó en las pequeñas he