Alekos miró a Xandro; su amigo lo miró. Él también sentía pena por esa desdichada.
—No puedo aconsejarte —dijo Xandro.
Alekos suspiró. Definitivamente Dakota lo hacía replantearse todo.
Alekos entró en la oficina; su secretaria no era capaz de mirarlo.
—Mary dígame una cosa: ¿usted le entreg