Ni bien aterrizó el Jet había un auto oficial esperando por ellos.
—¡Me has sorprendido! —le dijo Xandro.
—Ventajas de mi puesto, conozco mucha gente.
—Eliot, bienvenido —le dijo el embajador griego, estrechando su mano—. Por favor, suban, les explicaré lo que sabemos. Permítanme hospedarlos e