Christopher Anastas conducía su Audi R8 a toda velocidad, dejando atrás a la ambulancia.Quería ver a Alekos Ravelli retorcerse de sufrimiento. Quería que se arrastrara suplicando piedad.
Alekos había recibido cientos de llamadas; todos le ofrecían su apoyo, mientras la prensa se agolpaba frente a l